GeoBAireS. Cuaderno de Geografía
Actualización 16 de agosto de 2000

M. Castells: La ciudad de la Nueva economía.

Un Comentario desde la periferia de los lugares de la ‘Nueva Economía’.

 

Vicente Di Cione

 

M. Castells es uno de los tantos autores consagrados sobre “la cuestión urbana” que no requieren presentación. El pensamiento crítico desarrollado en los campos de la Sociología Urbana,  Geografía Urbana, de la Planificación urbana y de las problemáticas territoriales y ambientales en general ha sido notoriamente influenciado por sus contribuciones reconceptualizadoras y sistematizadoras. De ahí que siempre son bien recibidos sus aportes sistemáticos y opiniones, aunque no necesariamente sean compartidos o comprendidos en su totalidad. Sobre su relativa incomprensión tengo presente los debates que suscitó en su momento en nuestro medio, limitado por las condiciones políticas de “urbanización del campo intelectual”, sus textos fundacionales pensados y redactados bajo la batuta epistemologica de Althusser: “Problemas de Investigación en Sociología Urbana” (1971) y “La Cuestión Urbana” (1974).

Entre esos años fundacionales del pensamiento-marca “Castells” y la actualidad hubo muchos acontecimientos que, dialéctica mediante, determinaron cierta flexibilización “post-estructuralista” en las formas de investigar y ponerle letra a los problemas urbanos. Posiblemente la explicación de tal flexibilización, en parte reconocida por el mismo Castells, habrá que situarla dentro del campo de sus experiencias más recientes sobre la dialéctica de los “nuevos movimientos urbanos” y la de las relaciones entre desarrollo tecnológico-informacional y urbanización.  No obstante, los cambios no fueron tan intensos para distinguir a menudo con suficiente claridad la multipluralidad de “formaciones urbanas” que coexisten de manera interdependientes, desiguales y contradictorias en la unificada urbanización mundial.

Sobre el tema no se advierte en sus obras significativos progresos en la distinción y articulación entre los sentidos hegemónicos y dominantes de la urbanización de los “paises centrales” y los de las áreas o “paises periféricos” , es decir, entre las áreas de despliegue de la urbanización que concentra los beneficios de la acumulación capitalista y aquellas que se caracterizan por su “hinchamiento” poblacional y los bajos indicadores de desarrollo humano (PNUD).

  La falta de distinción se observa en la conferencia dada recientemente en el Ayuntamiento de Barcelona (febrero de 2000). En efecto, en la misma Castells desarrolla algunos ejes temáticos que ocupan buena parte de las preocupaciones políticas y académicas contemporáneas en torno a la cuestión general configurada por las relaciones entre urbanización, economía de conocimiento e información o “nueva economía” y gestión local.

El primer eje se refiere a la relación entre las nuevas tecnologías, la economía de conocimiento, la globalización y la flexibilización productiva mediante la implementación de redes de cooperación técnica y social a nivel mundial. A tal efecto es elocuente el modelo Sisco.

El segundo eje asume la relación entre condiciones urbanas y desarrollo económico a partir de especializaciones basadas en las nuevas tecnologías de punta: multimedia, microelectrónica, comunicaciones, internet, soft, etc.

El tercero eje aborda la importancia de la calidad de vida implicada en la generosidad o no del medio urbano derivado de las transformaciones tecnológicas.

El cuarto eje toca, tangencialmente, la cuestión de las nuevas tecnologías de la información y comunicación con la gestión de la ciudad y las posibilidades de profundización de la democratización de tal gestión. Este último eje daría lugar a pensar las posibilidades que aporta la “nueva economía” en el gerenciamiento de la ciudad, al poner a disposición nuevos recursos informáticos y comunicacionales.

Además de estos ejes hay que destacar dos cuestiones asociadas que, aunque no tratadas con extensión, son importantes en algunos debates urbanísticos en nuestro medio: una tiene que ver con las concepciones y arreglos físico-urbanos de los campus universitarios, y la otra con los “campus” o “parques industriales” o, más bien, “parques tecnológicos”.

Las luces y sombras del texto nos habilita para realizar algunas reflexiones y aclaraciones que, al igual que Castells, se nutre tambien de numerosas, aunque poco sistemáticas, “palizas” (término usado por Castells para caracterizar su trabajo de campo) empíricas resultantes de recorrer Estados Unidos, Europa Occidental y América Latina desde la latino  sur de Estados Unidos hasta Tierra del Fuego, atravesando puebleríos (ciudades?) sobrepuestos a las selvas, bajíos, llanuras, desiertos, estepas y alturas andinas y serranas. En la mayoría de estos lugares altinoamericanos es realmente dificil ver en la “urbanización” del paisaje, la potencia capilar en la microfísica de la vida cotidiana de la “nueva economía”. Tengo presente, por ejemplo, la economía de la energía, con los sensores remotos y el control automatizado de la explotación y transporte, la sofisticación tecnológica que se reproduce en las selvas y montes colombianos, peruanos y bolivianos y la tecnología del panoctismo satelital ligado al control estratégico de los recursos y, fundamentalmente, del encauzamiento y disciplinamiento funcional de los que están ubicados dialécticamente del otro lado de la nueva economía.

 

La primera reflexión tiene que ver con el hecho de que no queda claro las posibilidades de socialización mundializada de los beneficios de la “nueva economía”. En tal sentido M. Castells parece optimista. Supongo que tal optimismo está fuertemente iluminado por el alza reciente de la economía española y su impacto en el crecimiento de algunos vórtices como Barcelona. Los datos empíricos y las vivencias empíricas, contrariamente, ponen de relieve que en general hay una fuerte tendencia a la concentración y centralización territorializada. El mismo Castells aporta datos empíricos sobre este proceso, lo cual es sorprendente si se tiene en cuenta su optimismo en relación a la gestión local.

Contrariamente a ciertas ideologías sobre las posibilidades de “desconcentración territorial” asociadas a las nuevas formas de comunicación y las tecnologías del transporte, los ejemplos aportados destacan el camino inverso: creciente tendencia al desarrollo de ciertos campos gravitatorios a partir de núcleos o vórtices de innovación tecnológica que tienen por resultado el incremento de los procesos contradictorios de concentración y densificación urbana. Contradictorios porque cada uno de estos vórtices compite con otros y se enfrenta simultáneamente a su entorno inmediato, generando centros y periferias y algunos malestares reproductivos en materia de la calidad urbana indispensable a la reproducción de las personas.

De ahí se desprende una segunda observación que tiene que ver con las posibilidades que tienen para el futuro los “vórtices urbanos” que no lograron llegar a tiempo para subirse al tren de las “nuevas economías” o “economías de punta”. Aquí también el  mismo Castells aporta una evidencia empírica que confirmaría la relativa imposibilidad de desconcentrar los vórtices exitosos que fueron consolidándose en las últimas dos décadas. Tal evidencia es el caso de Kuala Lumpur en Malasia.

Una tercera observación se refiere a las presuntas ventajas del modelo o red Sisco, sin advertir que dicho modelo es un “clásico” de la “vieja economía política” (a tal efecto invito a leer a Marx en la relativamente desventurada “Crítica de la economía política”) y que de lo que se trata, si en rigor queremos hablar del verdadero sentido del término “ciudadanía”, es de la forma socio-política de distribuir el valor y plusvalor. En efecto, dicho modelo se sostiene por un dispositivo político que garantiza el uso monopólico de ciertos tipos de conocimiento. Desafortunadamente el autor no tiene en cuenta la distribución del valor dentro de la red de “cooperación” social y técnica. Si nos atenemos a algunas experiencias locales tales como las “redes de franquicias” (“Franchising”), no sería extraño encontrar en la Red Sisco un colosal sistema de apropiación de plusvalor sustentado en la “propiedad del conocimiento”, en la segmentación de los integrantes de la red, en los secretos de la red y en la “externalización” de los riesgos empresariales transvasandolos al sector de la base de la pirámide. Como vuelve al desarrollo local tal transferencia de valor? Que implicancias tiene tal capacidad de valorización y acumulación en los millones de hogares conectados a la red y sin posibilidades de acceder a la ciudadanía plena o simplemente digna?.

Una cuarta observación tiene que ver con la relación entre la “construcción de ciudadanía” – lo cual no es sinónimo de “estar en ciudades” – y las nuevas tecnologías informáticas y comunicacionales. Hoy por hoy hay un exceso de señales simbólicas que se contraponen con la vieja creencia de que a mayor información corresponde un mayor conocimiento y, por lo tanto, una mayor conciencia. Hay suficientes datos empíricos que ponen en evidencia que los medios de comunicación masivos, con todo el despliegue multimedial, no contribuyen demasiado a clarificar el horizonte de la ciudadanía y a situar a los “expectadores” en el horizonte de la participación política. Si antes un ciudadano se ciudadanizaba en las veredas, plazas, parques, bares, comités, unidades básicas y otros espacios públicos mediante un esquema de interacción basado en las relaciones de sociabilidad, hoy ese mismo ciudadano se difumina robinsonianamente o “tribalmente” en un conjunto casi infinito de regiones y selvas simbólicas y experiencias virtuales. Este modelo cultural ofrece muchas “salidas” individuales o tribales que, como en la “Tormenta Perfecta”, dificilmente se pueda atravesar su oleaje para encontrar un puerto de ciudadanos.

Por último algunos comentarios sobre la cuestión de los campus universitarios y tecnológicos.

En paises como los nuestros estas cuestiones constituyen el reverso tragicómico de los ejemplos exitosos. Las fabricas se cierran. Algunas de ellas, no obstante, han tenido la suerte de valorizar sus activos inmobiliarios gracias a los subsidios salvadores de un estado benefactor con capacidad para metaforsear areas industriales en areas universitarias, aun sabiendo que la “fabricación de capacidades tecnológicas” no cuentan con un horizonte de valorización garantizado. La cuestión de los parques industriales, sin considerar la crisis estructural de la industrial y sostenidos con imaginarios territoriales y urbanos dudosos, no ha sobrepasado los límites de los pequeños negocios inmobiliarios y las cuantiosas transferencis de plusvalor social mediante los regimenes de subsidios directos e indirectos. Parafraseando a Castells,  su visita constituiría una fuerte “paliza” al poco optimismo que pueda quedar en relación a la “nueva economía”, con o sin conocimiento, y aportaria numerosas experiencias empíricas y vivenciales de que esta “nueva economía” no es tan nueva y tampoco tan buena.

 

El Palomar, 14 de agosto de 2000

 

Vicente Di Cione.

vdicione@sinectis.com.ar

 

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