GeoBAireS

Cuaderno de Geografía
Sección Opiniones

 

Actualización del 19 de marzo de 2001,[ www.sinectis.com.ar/u/geobaire]

Geografía Aplicada versus Geografía Crítica
Un comentario a “O PAPEL ATIVO DA GEOGRAFIA: UM MANIFESTO[1]

Vicente Di Cione (UBA, UNTREF)

 


Palabras clave: geografía/ objetivos de la geografía/territorio orgánico/ territorio usado/Gramsci/Ratzel

Key-words: geography/ objectives of the geography/organic territory/ used territory/Gramsci/Ratzel


La necesidad de superar la fragilidad  epistemológica y la relevancia social de su quehacer fueron dos cuestiones recurrentes y siempre vigentes en la historia de los geógrafos – campo que es notoriamente mucho más reducido y menos  diversificado que el campo global pluridisciplinario de los profesionales de la geografia.[2] La primera emerge como condición de unificación científica de la diversidad de formas de saberes geográficos, para atender simultáneamente tanto la progresiva división intradisciplinaria (física, social, humana, urbana, rural, económica, política, regional, etc.) y los no siempre amigables encuentros y desarrollos inter y transdisciplinarios, corolario de las aceleradas transformaciones intra, inter y trans de los objetos científicos, como las tensiones ligadas a la redistribución de habilidades y competencias en la multiplicidad de disciplinas (división del trabajo científico y tecnológico). La última, con notoria articulación con la cuestión epistemológica, emerge de la mano de las ingenierías sociales, territoriales y ambientales y, en general, de los requerimientos prácticos y demandas sociales. Las dos cuestiones tocan la multiplicidad de  “geografías banales” (M. Santos) del  “modus vivendi” de los geógrafos.

El documento “O papel ativo da geografía. Um manifesto”, presentado en el XII Encontro Nacional de Geógrafos (Florianópolis, Julho de 2000) por el equipo de Estudos Territorias Brasileros – Laboplan – que dirige Milton Santos y disponible en 3W Biblos en la edición del 24 de enero del 2001, aborda ambas cuestiones.

El título del documento invita a rememorar el clásico manifiesto de “La geografía activa” producido por el equipo dirigido por Pierre George a mediados de los años 60. El texto ratifica cierta coincidencia, en la medida en que el equipo asume que el problema central consiste en “como utilizar los conocimientos sistematizados por [la geografia] en la delineación de soluciones prácticas y caminos frente a los problemas concretos de la sociedad”. En los mediados de los 60 los problemas claves consistían en como contribuir a la superación del desarrollo interdependiente, desigual y combinado a nivel mundial y en las diferentes geografías sociales. Para los geógrafos activos, las respuestas pasaban por contribuir a superar las situaciones de subdesarrollo territorial y social a partir del compromiso o, más bien, de una actitud militante dentro del movimiento socialista francés y mundial.

En la actualidad, a pesar de los vientos huracanados pos-modernistas y de las actualizaciones e ibridaciones discursivas, este punto es crucial, en el sentido en que  se producen convergencias y divergencias en las diferentes instancias de las praxis (no encuentro una palabra teóricamente mas clara y precisa) individuales y sociales. De ahí que sea el “lugar” de delineación de la epistemología en general, de la epistemología politica en particular y de la epistemología política de la geografía en singular. Las tres determinan en primera y ultima instancia todos los rincones visibles e invisibles de la microfísica de la cotidianidad del campo geográfico y de la macrofísica que se expresa en la asignación de recursos sociales (presupuesto, energía social, etc.) en el complejo sistema de Ciencia y Tecnología.

Las respuestas – dada la diversidad de situaciones y aspiraciones – son heterogéneas, desiguales, combinadas y contradictorias. Dependeran de los posicionamientos estructurales e ideológico-epistemológico de los actores que deciden darlas. Dejando de lado otras clasificaciones posibles, dichas respuestas oscilan entre los que consideran que no es posible encontrar soluciones prácticas si no se resuelven previamente las fragilidades epistemológicas derivadas del carácter notoriamente indeterminado (difuso) de su objeto disciplinar, y los que consideran que las soluciones prácticas son posibles, valga la redundancia, solo practicamente, es decir, comprometiendose con los sistemas de demandas sociales y, consecuentemente, con el entramadado social que constituyen los problemas.

En el documento de Laboplan dicha oscilación está – así lo entiendo - presente dialécticamente. En la primera parte el equipo se ubica en el primer “momento” de la oscilación, proponiendo a tal efecto avanzar sobre la necesidad de construcción de una ontologia del espacio geográfico. En la parte final del documento (apartados 8 y 9) el énfasis se coloca en la búsqueda de soluciones prácticas frente a los problemas concretos de las sociedades.

La unidad de ambos momentos – el epistemológico o teórico y el práctico – se lograria a partir de la focalización del territorio usado.[3] Este es propuesto como un vórtice teórico-metodológico que posibilitariá profundizar la construcción científica de la ontologia del espacio geográfico.

La importancia del territorio usado radica en que es “un todo complejo donde se teje una trama de relaciones complementarias y coflictivas”. Estas cualidades hacen que sea un concepto vigoroso, dado que invitan “a pensar procesualmente las relaciones establecidas entre el lugar, la formación socioespacial y el mundo”. En términos que nos pertenecen, su importancia radica en que posibilita visualizar el carácter interdependiente, desigual, combinado y contradictorio de las situaciones y relaciones sociales y, por lo tanto, del conjunto de objetos y acciones que – en el lenguaje del equipo - definirían de otro modo la esencialidad del espacio geográfico.

Dada su importancia, me parece importante retomar el concepto para avanzar con algunos matices  en la construcción de la ontología del espacio geográfico o, tal como lo he sostenido en otros escritos, en la construcción del dominio epistemológico de los geógrafos y de la geografía. Esta distinción es tambien crucial. No me consta que sea compartida por Laboplan. De la multiplicidad de formas sociales de la geografía, solamente algunas son resultado del campo disciplinar de los geógrafos. La mayoría forma parte del conjunto de habilidades y saberes de las sociedades, en particular los producidos por la gran variedad de ciencias sociales, “naturales” y tecnológicas. Sin esta perspectiva social, es imposible superar el “enclaustramiento” y cualquier intento de redefinición corre el riesgo de situarse fuera de las coordenadas clasificatorias del Sistema de Ciencia y Tecnología. Nos miraríamos sin observar como somos observados y, lo mas grave, sin poder percibir como son percibidos “en el afuera” los problemas allí constituidos. La mirada sobre las evolución disciplinaria de “el afuera” (“exterior”?) pone de relieve que la geografía, en tanto multiplicidad de formas sociales, es mucho más relevante que la notoria imagen acomplejada o prejuiciosa que hay en algunos ambientes académicos y que se encuentra bastante lejos de cualquier amenaza de desaparición. Son precisamente algunas de estas formas sociales de la geografía que de tanto en tanto subvierten, afortunadamente, la paz de las geografías banales (cotidianas) de los geógrafos. 

Independientemente de este supuesto metodológico y, pensando en la democratización pluralista, dialógico, considerar el dominio geográfico en término de un objeto propio y excluyente puede llevar a senderos de dificil retorno, en particular si se sostiene al mismo tiempo la necesidad de totalización, interdisciplinariedad y, en última instancia y a pesar de cierto utopismo, transdisciplinariedad. En tal caso la totalidad seria un conjunto (sistémico? Dialéctico?) de objetos y no un conjunto de momentos que involucraría también acciones, procesos y fundamentalmente, sujetos.

Considero que aquí se expresa una fragilidad epistemológica importante, derivada, según mi opinión, de un uso incorrecto de la dialéctica de la totalidad o “dialéctica concreta”.[4] Esto lo digo asumiendo que el equipo es fiel a un documento, también del tipo de un manifiesto, que publicara Milton Santos a pedido de la Unesco en 1984, “La geografía a fines del siglo XX: nuevas funciones de una disciplina amenazada” y de otros posterioes del mismo Santos.[5]

Si la cuestión del territorio usado es importante, su lugar de construcción teórica no puede ser otro que, siguiendo también a Santos, el dominio conceptual, teórico y metodológico de la formación económico social.[6] En tal sentido la manera teórica (y prácticamente) correcta de plantearlo es como momento teórico-metodológico de la formación económico-social o, en rigor y aceptando las determinaciones geográficas,  formación geo-histórica. Digo formación geo-histórica, porque siempre que se apela al concepto de formación económico social es para aludir a sociedades concretas. Siendo lo concreto unidad de la multiplicidad de determinaciones, son inmediatas (obvio) sus propiedades o momentos espaciales y temporales y, en última instancia, siguiendo a Kant o a Hegel, geográficos e históricos.[7]

Dado que en el documento el territorio usado aparece como el momento de ligazon entre el lugar, la formación económico-social y el mundo, es pertinente hacer algunas aclaraciones sobre el concepto de formación económico-social. Estas aclaraciones, como se verá, tendrán a posteriori implicancias en la redefinición del concepto mismo de territorio usado, al igual que su concepto contrapuesto, es decir, territorio no usado. 

El concepto de formación económico-social, o, si se acepta, el de formación geohistórica, [8] no es sinónimo del concepto de estado o estado nacional.[9] A diferencia de numerosos autores marxistas, neomarxistas e incluso post-marxistas, Marx nunca estableció tal relación por el simple hecho de que su cabeza trabajaba dialécticamente y, al igual que Hegel, visualizaba que la historia universal, con el capitalismo a la vanguardia, estaba recorriendo, integrando y globalizando a los diferentes particularismos históricos y geográficos que con mayor o menor grado pudiesen estar “desconectados”. A mediados del siglo pasado no había rincón de la tierra que a través de diferentes dispositivos no estuviesen integrados y usados en forma directa o indirecta por la “vocación mundial” del capitalismo.

Dentro de esta perspectiva, los lugares, los estados, las regiones intranacionales e internacionales y el mundo son maneras diferentes de considerar la totalidad de la formación geohistórica o formación económico social. Mundial, local o estatal son formas diferentes bajo las cuales se muestra el mismo concepto. Esta idea, si se relee detenidamente al Marx de la Introducción/1857, está metodológicamente fundada en el hecho de los conceptos, tales como el dinero y el trabajo analizados, solamente adquieren madurez cuando es posible visualizar su multiplicidad de formas. El lugar, por lo tanto, no es una parte de una parte del mundo denominada formación económico social. Es, sin vueltas, una formación económico social particular o, más bien, concreta, singular: este o aquel lugar concreto. Si se acepta – y en esto no creo que haya discrepancias – la interdependencia fenoménica del mundo o de la totalidad de lo real,   un estado o una nación es un lugar del mundo y el mundo es otro lugar, el lugar de lugares del mundo. Unos y otro no son mas que diferentes rostros de dicha unidad, discernibles metodológicamente y en modo alguno “objetivamente separables”. Este análisis podría extenderse a los conceptos de región, ecosistema, geosistema, etc. El análisis regional solamente aparece cuando se visibilizan la multiplicidad de formas regionales, las que a su vez solamente son legibles en el marco de un determinado cuadro regional de interdependencias y reciprocidades funcionales y contradictorias.

La metáfora borgeana del Aleph, al igual que el concepto de la esfera infinita de los escolásticos, son suficientemente intuitivas para definir la noción de formación económico social o formación geohistórica. Ambas metáforas son bien conocidas por el equipo del Laboplan. Es por este motivo, además del anterior, que no se entiende la relativa desdialectización del problema. Esto significa que independientemente de la vocación metodológica dialéctica, el lugar, la formación económico social y el mundo son considerados en la “intimidad del pensamiento” como “objetos cosificados” o, simplemente como cosas.

En la perspectiva de la dialéctica concreta (y no del interaccionismo sistémico) cada “parte” puede considerarse como una específica y concreta formación económico social o formación geo-histórica que reproduce, con formas particulares y singulares, el conjunto de propiedades de la totalidad mayor (absoluta?) en la que se encuentra. Si no fuera de este modo, es logicamente evidente que habría aspectos des-conectados que darían lugar a otros mundos.[10]

Dentro del mismo horizonte de la tradición epistemológica crítica o dialéctica, es indispensable tener en cuenta los momentos objetivos y subjetivos de los lugares, lo cual no es coincidente con considerar solamente los objetos y las acciones sin un explícito señalamiento de los sujetos de tales acciones, tal como se desprende del manifiesto del Laboplan. Hablar de momentos implica atender procesos y dinámicas en las que incesantemente se producen la metamorfosis de las formas espaciales en formas temporales y de las formas temporales en espaciales. En un nivel general, las acciones y procesos forman parte de las relaciones entre los momentos objetivos y subjetivos. Ambos son simultáneamente coincidentes, manifestándose en los procesos de objetivación y subjetivación de los agentes (personas, grupos, empresas, etc.). Estos conceptos, con el riesgo de ser redundante, deben explicitarse.

El territorio usado, a título de ejemplo, presupone sujetos que usan “la exterioridad geográfica” que denominamos territorio a secas, territorio social o, como el propuesto. El uso del territorio implica simultáneamente procesos de objetivación y subjetivación. La objetivación se visualiza en los cambios territoriales derivadas de las formas de uso (productivo o “improductivo, individual o colectivo, campitalista y no capitalista, etc.). Ningun uso puede evitar objetivaciones transformadoras. A su vez ningun uso puede eludir específicos “flujos” subjetivadores, es decir, con-formativos o constituyentes de los sujetos (individuos, grupos, instituciones, etc.). El momento subjetivador del territorio se visualiza en los procesos de individuación socializada de las personas. Las mediaciones territoriales determinan la asimilación del mundo desde específicos territorios. En el plano institucional se visualiza en la construcción de sus formas, tales como los organigramas  territoriales jurisdiccionales.

El análisis pormenorizado del uso del territorio pondría de relieve un conjunto diverso de aspectos analíticos: la cuestión de los aspectos técnicos determinantes de la diversidad de “valores de uso”, la cuestión de la economía política relacionada con los “valores de cambio”, la producción, la distribución y el consumo, las cuestiones asociadas a la lógica de los “valores simbólicos”, de lo bueno y lo malo, de la distinción (lógica del valor signo), los dispositivos institucionales que operan estableciendo reglas y normas de uso y, dentro de la economía, el conjunto de momentos reconocidos por la casi totalidad de perspectivas epistémicas de la economía, tales como la producción, la distribución, el cambio, la circulación y el consumo o uso. Por motivos externos al texto del equipo del Laboplan, me inclino a pensar que el concepto de territorio usado combina el conjunto de momentos analíticos anteriores y que no puede considerarse equivalente solo al momento del consumo o uso de la economía.

Esta interpretación la derivo del hecho de haber enunciado al principio del documento que la naturaleza ontológica del espacio geográfico había que rastrearla en el territorio usado y no en el territorio a secas. Pareciera que esta aclaración excluyente quisiera enfatizar el análisis del territorio de las sociedades humanas y no otras formas territoriales, tales como los territorios (biotopos) de la multiplicidad de formas de la vida en la tierra. Entonces, si la interpretación es correcta, tal distinción estuvo orientada a acentuar la necesidad de focalizar el cometido de la geografía sobre las relaciones entre el ambiente territorial y las especificidades de las sociedades humanas.

Tal perspectiva remite inmediata e irremediablemente a un geógrafo envestido de cierto halo demoníaco y perverso en la tradición del pensamiento geográfico. Me refiero a  F. Ratzel y muy especialmente a sus conceptos de espacio vital y sentido del espacio.

Acaso Ratzel no había puesto el énfasis de la geografía sobre la relación entre el medio geográfico, el ambiente geográfico y las sociedades humanas?

Ratzel, sobredeterminado por sus circunstancias geohistóricas, no avanzó teóricamente en la definición de tales conceptos asumiendo los requerimientos de generalización y sistematización para atender, por ejemplo, una amplia gama de situaciones objetivadoras y subjetivadoras. Solo consideró con con notorias limitaciones la cuestión de la relación orgánica entre los procesos de individuación estatales y las determinaciones territoriales. El estado, fiel al pensamiento de la filosofía política de la época, era un sujeto particular que sintetizaba superadoramente los requerimientos  institucionales de una comunidad, es decir, un particular sujeto derivado de la socialización institucional de una comunidad.

El concepto de espacio vital, entonces, podría ser traducido como territorio usado por una comunidad determinada. A su vez el concepto de sentido del espacio podría retraducirse como la dirección del territorio usado derivado de la multiplicidad de usos por parte de una determinada comunidad.

Ambos conceptos son interdependientes y sumamente importantes en la medida en que posibilitan poner de relieve los usos territoriales en clave histórica, es decir, los momentos objetivadores y subjetivadores. Ambos momentos son importantes a la hora de pensar la búsqueda de soluciones prácticas a problemas concretos (con lógicas resolutorias interdependientes, desiguales y contradictorias), al establecer como paso metodológico prioritario la necesidad de tomar partido “en nombre del interés general”.

 La re-visita (re-visión o, mejor, neo-visión) de Ratzel puede ser mucho mas interesante y productiva a los fines – propuestos por el manifiesto del Laboplan - de buscar “soluciones prácticas y caminos a los problemas concretos de las sociedades” hacerlo desde posiciones y autores dialécticos comprometidos a su vez con la multiplicidad de valores que sustentan la radicalidad de la geografía crítica.

Entre tales autores se destaca Antonio Gramsci. En efecto, Gramsci tiene la particularidad de haber considerado la historia en clave dialéctica, histórica y geográfica. Los conceptos de “bloque histórico”, “hegemonía”, “ciencia orgánica” e “intelectual orgánico” tienen un gran vigor teórico-práctico para avanzar en la formulación de “el papel activo de la geografía”. El análisis del concepto de bloque histórico pondría de relieve lo apuntado anteriormente sobre el concepto de formación económico-social. Su análisis de las vicisitudes de las luchas de clase en Italia entrelaza con gran profundidad conceptual las cuestiones socio-históricas con las socio-geográficas, habilitando pensarlo en términos no solo de “bloque histórico” sino en términos de “bloques geográficos”. La imbricación de ambos habilita pensarlo en términos de “bloque geohistórico”.[11]

El análisis de las determinaciones territoriales de las clases y fracciones de clase constituyen el aspecto metodológico clave para dar cuenta del momento subjetivo  del bloque geohistórico. Gramsci visualizó, sin demasiada “academia geográfica”, que los individuos y grupos de una determinada sociedad nacional tenían diferentes, desiguales, combinados y contradictorios requerimientos de usos territoriales. En su lenguaje podría ser traducido como requerimientos territoriales orgánicos interdependientes, desiguales, combinados y, por tal motivo, contradictorios.

La revita a Ratzel y Gramsci, a la sombra de la dialéctica concreta, posibilitan recuperar la cuestión de la relevancia de la geografía dentro de un horizonte que combina exigencias epistemológicas con exigencias prácticas. En tal caso, contrariando los vientos huracanados de la posmodernidad, posibilitarian continuar edificando el pensamiento critico de la geografía conjuntamente con la edificación del pensamiento crítico general que contribuya a definir conceptual y prácticamente un nuevo sujeto histórico que imprima otra sentido a las transformaciones geográficas “salvajes” de la globalización capitalista, sean espaciales, territoriales o ambientales. A tal efecto, sería interesante avanzar en la definición del dominio epistémico de la geografía (y de los geógrafos) o del espacio geográfico en términos de territorio orgánico y sentido territorial orgánico. Los territorios concretos son combinaciones dialécticas de multiplicidades de requerimientos territoriales orgánicos.[12] Tales requerimientos se expresan en luchas de apropiación, las que dan lugar a procesos de objetivación y subjetivación interdependientes, desiguales, combinados y contradictorios con sus correspondientes imbricaciones de sentidos (y deseos) territoriales orgánicos. Las del capital es dominante, a veces hegemónica pero, lo mas importante, que no es la única. Los dramas sociales del capital tambien determinan otras respuestas: la construcciones de territorios orgánicos de resistencia y de critica y los nuevos movimientos antiglobalizadores, tales como el comienzo de una nueva historia que  Milton Santos (y su equipo) nos invita a recorrer en Por uma outra glolalização.Do pensamento único a consciência universal (Editora Record, Brasil, 2000).

 

Porto Seguro, 9 de febrero de 2001



1. Presentado por el grupo de  “Estudos Territorais Brasileiros”, del  Laboplan (Laboratório de Geografia Política e Planejamento Territorial e Ambiental) del Departamento de Geografia - Faculdade de Filosofia, Letras e Ciências Humanas da Universidade de São Paulo (USP) en el  XI Encontro Nacional de Geógrafos. Florianópolis, Brasil, Julho de 2000.  


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[1] Presentado por el grupo de  “Estudos Territorais Brasileiros”, del  Laboplan (Laboratório de Geografia Política e Planejamento Territorial e Ambiental) del Departamento de Geografia - Faculdade de Filosofia, Letras e Ciências Humanas da Universidade de São Paulo (USP) en el  XI Encontro Nacional de Geógrafos. Florianópolis, Brasil, Julho de 2000.

[Texto disponible en http://webs.sinectis.com.ar/geobaire/opiniones_laboplan_geocritica.html]

[2] Sobre el tema me extiendo en “Las formas sociales de la geografía” (Di Cione, 2000, Realidades, geografías y geógrafos. Tradición y renovación disciplinaria en los albores del tercer milenio, GeoBAireS. Cuaderno de Geografía, Buenos Aires). [versión disponible en www.sinectis.com.ar/u/geobaire/vdicione_geo2000.zip].

[3] Sobre este tema es importante destacar que el equipo hace explícito que no debe considerarse al espacio geográfico como sinónimo de territorio, sino como territorio usado. Si bien no se explicita el significado de su contrapuesto, el territorio no usado, como así también de su realidad, el concepto es muy importante para viabilizar la multiplicidad de usos implicados en el funcionamiento real de las sociedades: producción, consumo, distribución, cambio, etc.

[4] K. Kosik, K., 1963 (1967), Dialéctica de lo concreto, Ed. Grijalbo, México.

[5] En Revista Internacional de Ciencias Sociales, Epistemología de la Ciencias Sociales, 102, Unesco, Vol. XXXVI, N° 4 1984 [disponible en GeoBAireS.Cuaderno de Geografía] y SANTOS, Milton, (1996), De la totalidad al lugar, ed. Oikos-tau, Barcelona.

[6] M. Santos, 1996.

[7] Dentro de esta perspectiva, todas las formas sociales de la geografía – reales, imaginarias y posibles - son, por lo tanto, formas caleidoscópicas historicas y geográficas de la formación económico-social.

[8] Sobre el tema me extiendo en  V. Di Cione, 2000 (Op. Cit. Supra).

[9] M. Santos, 1996.

[10] Esta forma de considerar los lugares tiene ciertas implicancias en la difuminación objetiva de los mismos, con lo cual, para reestablecerlos hay que definir en primer lugar el referenciamiento subjetivo. Implica, por consiguiente, cierta reconsideración de la cuestión de las horizontalidades y verticalidades de los lugares. Con los cambios de perspectiva analítica, las verticalidades pueden y deben considerarse horizontalidades.

[11] La metodología gramsciana puede rastrearse en estado práctico en los análisis efectuados por Gramsci sobre la cuestión regional y la unidad del Estado italiano (“La questione meridionale”, “Il risogimento”, “Il Mezzogiorno”, etc.].

[12] Esta cuestión es crucial a la hora de la planificación o proyectación geográfica (urbana, urbano-regional, etc.). La crítica fundamental a las metodologías  clásicas de planificación proviene de la relativa imposibilidad de asumir “desde afuera” y ecuanimemente, tal como lo establece uno de los mandamientos de la pureza tecnocráctica, las tensiones de los conflictos orgánicos. De ahí que las lógicas teóricas y prácticas tienen que complementarse necesariamente con las lógicas contrapuestas de los deseos y, por lo tanto, con la dialéctica entre necesidades y libertades.